La extinción

¿Habrá dejado acaso de importarnos la gloria?

20:43

Resaca galopante 3

Publicado por Nenita



Primera parte aquí

Cerró la puerta sigilosamente y se hizo por unos minutos un silencio ensordecedor. Comencé a observar el pequeño salón en el que me encontraba, sentada en un sofá que no resultaba demasiado cómodo. Las paredes blancas y agrietadas estaban desprovistas de cualquier adorno, léase cuadro, marco de fotos, póster o similar. Una mesa camilla y un televisor pequeño, junto al extraño sofá, llenaban aquel espacio.



El hedor se hacía insoportable, juraría que había vivido aquello antes... No quería hacerlo, no quería tener que leerle la ley, desproveerle de su humilde casa, ni quitarle a ese hombre su vida, sabiendo los escasos medios con los que subsistía. Sin embargo, en el fondo, yo sabía que algo estaba pasando en el domicilio de aquel hombre.

Una entrecortada respiración comenzó a perturbar aquella calma. Tras la negativa de la vecina -no por falta de cervezas, sino por rechazo a un ser marginal que le había dado más de un problema desde que llegó al barrio- el inquilino se quedó paralizado tras la puerta, apoyado unos minutos en silencio, tras aquel suave portazo. Después volvió al salón.

-Perdone la tardanza- apareció de pronto.
-¿Dónde estaba? ¿de dónde viene? ¿Por qué me ha dejado sola? No le he oído entrar- balbuceé.

-La vecina no tiene cerveza, yo tampoco. ¿Quiere un vaso de agua? - me preguntó.
- ¡Claro! ¿De verdad cree que bebo cerveza mientras trabajo? Además, ¿qué diantre hace un alcohólico bebiendo cerveza?
-Por eso soy alcohólico ¿no cree?

Un silencio incómodo se hizo entre los dos.
El hombre se dirigió a la cocina y regresó con agua del grifo para mí, sin traer nada para él.

-¿Usted no bebe?
-¿Qué hace un alcohólico bebiendo agua? - espetó.

Lo cierto es que me había desplazado hasta allí para comunicarle a aquel hombre que los vecinos habían denunciado un olor insoportable en el edificio, por lo que tendría que abandonarlo para que la policía iniciase una investigación. Ahora, yo misma lo estaba sufriendo, pero había algo más importante que hacer allí. Había algo en él, que me invitaba a saber muchas cosas.

-¿Cómo ha llegado a esto?
-¿Perdóneme, señora mía?
-Sí, que ¿cómo ha llegado usted a esta situación? ¿Tiene usted familia, hijos, quizás amigos?
-¿Cómo?
-¿Alguien que le quiera de verdad? ¿Sabe usted lo que es el cariño?¿Qué le hace pensar que tiene que pagar para estar con una mujer?
-¿A qué viene todo esto, señorita? Creí que era usted asistente social, no una impertinente psicóloga. ¿Acaso pretende algo?- dijo el hombre haciendo un amago de levantarse del sofá con indignación y nerviosismo.

Le cogí de la mano, en un intento de pedirle que se quedara a mi lado. Pegó un respingo, obviamente no estaba muy acostumbrado a muestras de afecto, cariño o cordialidad. Se volvió a sentar sin mirarme a la cara y se quedó en silencio observando el televisor apagado sin decir nada más al respecto.

-¿Por qué empezó a beber?
-La cerveza es lo único que no me abandona, ¿qué tiene de malo?
-¿A qué dedica su tiempo?
-Mi tiempo se terminó hace mucho ya, señorita... usted ni siquiera habría nacido.
-¿A qué se refiere?
-A que las oportunidades se truncan… y, es cierto, se me da bien el balonmano, pero ni eso ni las mujeres ni los compañeros de rutina, ni siquiera usted, pueden devolverme la esperanza.
-¿La esperanza de qué?
-De volver a ser quien fui. Cuando somos jóvenes creemos que el mundo está a nuestro pies, pero no es así, querida. No es así. ¿Sabe usted por qué no es así? Porque la vida es una farsa. Nos educan con cuentos de hadas, con insultantes fábulas de buenos y malos, con catecismos que nos enseñan una falsa moral. ¿Y sabe qué? que cuando a uno no le queda ya nada más que perder, pierde el miedo a todo. Y cuando digo a todo, es a todo.

Me quedé callada mirándole fijamente sin saber muy bien qué decir o si preguntarle más a fondo sobre su situación. Me encontraba a estas alturas en un terreno totalmente desconocido. A pesar de mis años ejerciendo como asistente social, no sabía muy bien como manejarme con él.

-¿Por qué me cuenta esto?
-Coño, ¿acaso no ha preguntado?- inquirió.
-Sí, aún así, ¿porque me lo cuenta?
-¿Acaso cree que tengo a alguien más a quien contárselo?
Se hizo un silencio brusco.

Me fijé en su pelo medio cano y en su piel curtida, muy curtida. De pronto se giró y, sin quererlo, chocó con mi mirada. La aparté enseguida. Me sonrojé. Se perdió en mis ojos sin quererlo. Los tenía hundidos pero grandes, unas cejas bien pobladas los protegían y unas arrugas cansadas los cubrían de desazón. Yo también me perdí. Sentí vértigo. Durante un instante me identifiqué con él, le entendí, le sentí. A pesar de su aspecto brusco y desentendido, tenía adentro tanta humanidad… Una humanidad frustrada, muy frustrada, reprimida, destrozada, hecha añicos a base de “ostias”, como él decía.

Dubitativa, alargué mi mano y la posé sobre la suya. Esta vez no la rechazó. Entre aquel olor a mala vida y a muerte, la distancia entre nuestras caras se acortó demasiado. Noté su respiración alcoholizada. No se movía, estaba paralizado. Rocé sus labios con los míos, mientras acariciaba su cara. Sshh… no se preocupe, enséñeme eso tan importante que tiene escondido.

Se levantó del sofá sin dudar, me miró a los ojos. Cualquier alma un tanto receptiva hubiera podido bucear en el negro océano de su mirada. Me tendió la mano, me levanté.
No se asuste, querida. Observe.

Sin miedo abrió el sofá cama que estaba a punto de reventar, y ahhhh, de golpe salió despedido un cuerpo casi interte, amordazado y mudo por el esparadrapo en su boca que le imposibilitaba el habla.

-¡¡Por Dios!! - grité asustada.

Él me tapó la boca con la mano rápidamente para evitar que nadie nos escuchara y me sentó en la única silla que había en aquel salón.
No se preocupe- me susurró al oído. Esto es lo que le tenía que enseñar... ¡Mire!

Me calmé. Retiró la mano de mi boca. Me dejó su olor... Desató al medio muerto secuestrado y le quitó el esparadrapo de la boca. Le giró y le sentó en el suelo. Le retiró el flequillo enmarañado de la cara y volvió a repertirme "¡Mire!".

Me quedé paralizada. ¿Pero qué…? No estaba muerto, ¡era él! ¡era él!!

-Ya no me sirve de nada. No hacía más que molestar cuando decidí quitármele de encima.
Por un momento me pareció verle como por duplicado, quizás tuviera un hermano gemelo. Pero, ¿por qué hacerle aquello?

-No es mi hermano gemelo, si es lo que está pensando... Es tan sólo una parte de mí que murió hace mucho tiempo, cuando perdí la esperanza. Pensé en deshacerme de él, pero no he tenido valor hasta ahora. Pensé que acabaría muriendo de esta manera, abandonado a su suerte sin alimento, sin atención... No había vuelto a mirarle de frente desde entonces. Pensé que ya estaría muerto, pero no muere, nenita. No muere.

-¿Pero por qué? ¿Por qué lo hizo?
-Es un ingenuo…








1:08

Ensayo - error

Publicado por Nenita


¿Saben? Un día me di cuenta de que cualquiera que sea la elección que tomen en la vida siempre les tocará renunciar a algo... Y yo aquí me hallo, despojada ya de unas cuantas cosas a cambio de otras, eso sí. Al menos sé que no había elección, no había otra elección que la mía. En eso consiste ser libre ¿no? eso dicen…

Asumir el presente, responsabilizarse del futuro, aceptar los errores del pasado y vivir con ellos. Siempre en la medida de lo posible, claro está. Intentó prescindir de esta tendencia mía de caminar mirando siempre hacia atrás. Para bien y para mal. Sí, podría pasarme la vida entera caminando de espaldas para asegurarme de que no me dejo nada en el camino. Otras veces, en cambio, de lo que intento asegurarme es de que el pasado no me persigue, que se queda en sus sitio, ahí bien atrás. Si me van a advertir de estatuas de sal, ya no me importa, he de informarles de que hace tiempo que me transformé. Al menos mi alma sí lo hizo ¿qué le vamos a hacer?

El pasado es mi vida, mis recuerdos, mis afectos, todo lo que ha mantenido vivo a este cuerpo inerte. Sin sus experiencias no sería nada, o sería todo cuánto no soy. Experiencias, afectos, desafectos, infancia, lugares... lugares que quizás ya no existen, y otros que por más que quisieramos, nunca desaparecerán... en cualquier caso, ya nunca serán los mismos.

Me duele especialmente verme obligada a tener que ir dejando pedazos de mí por el camino. Pero me duele aún más no poder volver atrás, enmendar mis errores, cambiar tantas cosas.
A veces pienso que nací para ser una maleta y llevarme conmigo a todo y a todos… Y por qué no, abrirla con el coche en marcha y dejar escapar todo aquello que hice mal.

Me quedan todos los recuerdos que me cuido bien de atesorar en mi memoria, estos me pesan sobremanera, quizás no lo imaginen o quizás les pase igual…

El pasado, mi gran paraíso perdido... ODIO TANTO NO PODER VOLVER ATRÁS...


Oigan, tengan cuidado con las cosas que no se pueden borrar...





13:07

Nunca jamás

Publicado por Nenita



Qué difícil, despedirse
ahora que no estás...
que no estarás...
que todo se reduce a nada,
coagulándose en mi pecho
para siempre...






12:54

Solo

Publicado por Nenita


"Algo hicimos mal ..."





21:40

Verdad verdadera

Publicado por Nenita

Lo que ocurre es que al ver tanta miseria, más seguramente de la que alcance a asimilar, el mundo se me torna oscuro y me quiero morir. Y es que si de saber se trata, tendríamos que saber demasiado, más de lo que pudieramos acaso soportar. No podríamos arrastrar con este nuestro cuerpo tanta bajeza humana. Ya, pero es que los que mueren realmente son otros a costa de que tú vivas feliz ¿no te das cuenta, Nenita?
¿Por qué si aquí se está bien quieres irte lejos, donde el hedor es insoportable? Qué bonito es pintar con titanlux estas paredes llenas de grietas que abajo se están a punto de venir, chica. ¿Piedad?, ninguna. ¿Luchar?, al menos hablar sí habrá de servir. Entonces asentí, estreché su mano y, reconociendo en él a un hombre justo, me quité de enmedio.

Me sentó en un sillón acolchado color rojo apagado y me invitó a su espectaculo. Todo ello no sin antes abrirme los ojos de par en par, poniéndome una pinza en cada uno de mis párpados para asegurarse de que no los cerrara. Corrió la cortina carcomida de una ventana y me dijo Mira, Nenita! Esto es el mundo ¿lo ves? Afuera se veían personas ajadas, curtidas de mucho sufrir, hombres despreciados que entregaban lo único que tenían a aquel que lo necesitara, gente pasaeando con joyas al lado de mendigos tirados en las aceras que quizás mañana o pasado sería quemados por desalmados. Yates y mansiones con alfombras de papel verde sobre las que pisaban personajes despreocupados. Heridas infectadas por doquier y botiquines colocados en armarios de oro.

Ves ahora, nenita? Ves como el hedor no está tan lejos. Usas mal las pinzas, pues no son para la nariz, sino para sujetarte los párpados, como he hecho yo. ¿Crees que podemos hacer algo?- le pregunté. ¿Podríamos acaso resucitar alos muertos, Nenita? Sí podemos sin embargo protestar. Porque no podemos cerrar los ojos al mundo, esto que ves está pasando y debes asistir a tan execrable espectáculo. No puedes huir, es nuestra responsabilidad. Cegarse es deplorable e inadmisible. Te necesitan, Nenita. Todos nos necesitamos.

Desde entonces, siempre que puedo cojo una silla y me siento delante de su ventana. Él corre la cortina y yo miro. Pero ya no uso pinzas.


Va por tí, Agus.




El susodicho no participó en la historia. La conversación es inventada.


11:56

Todo estaba bien

Publicado por Nenita


Tenía el teléfono pegado a la oreja. Su madre le hablaba de las vacaciones en Marbella, del estado del gato, de las discusiones con papá... Mamá, soy cobarde. Nenita está fuera del mundo, sueña con mundos extraños, y tiene el pecho contraído de huraña que es... Se me olvidó bajar la basura y he roto el florero que te regalé... (No me verás cubierta de gloria). ¿Qué tal está papá? No recuerdo lo que me dijo ayer... Te echamos de menos hija, deberías estar aquí, hemos hecho una barbacoa, es que a Chechu le han nombrado jefe superior en los suyo, estamos todos muy orgullosos de él. Mamá tengo frío, los veranos no duran nada, y Gerardo no me llena. No seré lo que soñé... Recuerdos de tus tías, hija. Mamá, se me olvidó regar las plantas y te mentí cuando te dije que sudaba por las fiebres!! Nenita, sé buena, no duermas la siesta, trabaja. Mamá, me lo recuerda Gerardo, él se encarga de mí... en cambio, otros mundos me ayudan a olvidar… ya, lo sé, eso tú no lo querrías para mí. Mamá estoy triste. Hija llámanos pronto, vienen los primos. Mamá…

Qué quietecita se quedó la nena sentadita en el sillón. El berrinche le pilló desprevenida. El alma pesada, el rostro... de relajado, muerto. Estrepitoso estruendo. Tardó en llegar la paz. Nunca se supo el porqué de la tormenta...




1:35

Lo inalcanzable

Publicado por Nenita

...Ojalá pudiéramos coger el Sol con las manos,



o al menos tocarlo...


FOTOS DE GOOGLE




1:36

En movimiento

Publicado por Nenita



Los cambios en nuestra experiencia sensitiva ocurren todos los días. Creemos que son fruto de grandes acontecimientos y nos esmeramos en que todo permanezca estático para evitar desestabilizarnos. Pero el mudo gira y todos los esfuerzos por permanecer son pocos. Cada noche la vuelta a casa arrastra un montón de fotografías fijas en la mente, de vivencias que modificaron tu sentir. Y mientras otros se preguntan qué cruce de piernas falló para que la sonrisa de hoy ya no sea de 180 grados, te percatas de que el ayer es humo y hoy, inexplicablemente, todo ha cambiado.





1:18

Punto de mira

Publicado por Nenita



Belleza, inquietante y perfecta,
un sinfín de mariposas revoloteantes,
que se esfumará si te acercas demasido...
¡¡No Tocar!!





20:23

La esencia de Nicanor

Publicado por Nenita

En ocasiones, llegar al epicentro de un alma es una tarea ardua, utópica e imposible. Se puede intentar, mas nunca se consigue del todo. El cuerpo es algo que llevamos “a cuestas” y siempre nos acompaña, pero el alma, el alma es otra cosa. Y cuando se repliega de puertas para adentro es inevitable que su ausencia se haga notar ante aquellos que esperan retroalimentación.

Construimos muros para quedarnos a solas. Y nos abstraemos de lugares en los que no queremos estar, bien porque nos incomodan, bien porque no nos suscitan el más mínimo interés, otras veces porque nos hacen daño. Por eso, hay casos en los que optamos por presentar el cuerpo y evadir el alma. Sin miradas indiscretas, dejando, en muchos casos, desorientados a los que intentan, desde fuera, contactar con nuestro verdadero “yo”. Es lo que se llama tener un gran mundo interior.

Sin embargo, el Sr. Nicanor no podía hacer esto, pues era un alma dispersa, sin cuerpo ni materia que le limitase. Y, como todas las cosas que no tienen mucho sentido, despertó de golpe todo mi interés. Y por ser mujer de extremos fue que dediqué todo mi tiempo a observarle. Mi objetivo, lograr entender cómo podía este ser ambulante vivir expuesto ante los demás.



Ocurrió que, a pesar de su edad y de su forma de vida, comencé a sentirme atraída por lo único que veía de él, su esencia. Confiada en el éxito de aquella empresa, quise absorver toda su magia, acceder a su verdad. Anticipé que el aura que desprendía era tan sólo el resplandor de sus más profundos secretos. Pero el Sr. Nicanor no tenía secretos, pues todo lo daba. El Sr. Nicanor sólo tenía tesoros que nadie sabía descubrir.

Condenado a vivir sin tapujos, hacía ya tiempo que lo había aceptado. Pero una pequeña parte de su ser aún lamentaba, a su tardía edad, no haber descubierto en este mundo un sólo ser lo suficientemente atento como para apreciar su naturaleza.

T
odo lo que él era, tantos sus emociones puras y castas como las más inmorales y reprochables, se encontraban exentas de protección. Nicanor no tenía forma alguna de explicar al mundo que algunas de las cosas que sentía, tan mal vistas por la sociedad como estaban, eran sentidas por él inevitablemente y no había forma de reprimirlas. Pero Nicanor no tenía cuerpo que le limitara, por lo que no podía ocultar esos mundanales sentimientos de la vista de los demás, mediante muros de piel y hueso. Todo sentimiento que nacía en él, moriría inevitablemente, derramado en estado puro por el camino. Siempre, sin haber atravesado previamente ningún tipo de censura social.

¿Cómo podía Nicanor vivir en tal estado de exhibición? ¿Acaso no tenía miedo? Esa fue la primera duda que me asaltó. El punto de partida de una inmensa curiosidad, que me mantuvo ojo avizor desde el día en que me cautivó su misterio. Pensé que observar bastaría. Sin embargo, de aquel creador de ilusiones, únicamente se apreciaba la tercera parte de lo que era. Su secreto era algo más que aquel resplandor que me embelesaba. La luz que desprendía cegaba al más pintado, dejando en segundo plano todos sus silencios, los que de verdad hablaban.

Nicanor no tenía miedo de lo que contaba, de lo que tenía miedo era de que nadie descubriera nunca todo cuánto es. Podía pasear con el alma al aire por las calles de la ciudad, desnudo, sin cuerpo, pues las miradas indiscretas no le inquietaban. La gente estaba ciega.

Hoy, su semblante aparece gris y trasnochado, después de infinitas sonrisas a medio usar. ¿Acaso está cansado de que nadie advierta cuanto es en realidad? ¿Es la edad lo que le ha arrebatado la esperanza o es la reciprocidad que no encontró? Puede que, a estas alturas, ya tenga el alma rota, quizás cosida, que todo lo que recogen sus escritos sea cierto o tan sólo fruto de su talento literario. No lo sé, pero cuando ayer dibujaba ilusiones en el aire de esa bendita manera, repasándolas con el humor ácido que le caracteriza, consiguió igualmente enloquecer mi propio alma. Hoy, se dedica a repasar con su luz, hecha de emociones puras, tristezas añejas teñidas de desazón. Sólo espero que las ganas de seguir vendiendo ilusiones le permitan seguir adelante. De la noche a la mañana el viento se le llevará lejos, y ahora que el tiempo confirma sus sospechas de soledad, sé que sólo entonces su alma estará a salvo.





12:56

Réquiem por un sueño

Publicado por Nenita

Abrí la puerta y entré en aquel paraíso perdido. Olía a sangre mugrienta y a puré de obligaciones. El suelo estaba lleno de vísceras sangrientas, tripas enredadas, entrañas con olor a ausencia de alternativas... A lo lejos ví un corazón medio muerto, que cada cinco segundos sufría un débil espasmo en forma de latido.

Eché un vistazo a la enorme habitación. Debía ingeniármelas para atravesar aquel amasijo de tejidos podridos y recoger mi músculo vital.


Desde la puerta saqué un pie y lo apoyé en el primer hueco libre que acerté a divisar. El suelo estaba pegajoso, seguramente hacía mucho tiempo que nadie lo fregaba. Me pareció que sería mejor descalzarme. Apresuradamente, dejando mis pies desnudos, me introduje en aquel cuarto pestilente. Estaba cargado de olores mezclados que no acertaba a identificar. Algo así como una mezcla de sangre, vómitos ácidos y almíbar.

Hacía calor, demasiado calor. Pensé que sería mejor prescindir de la ropa que llevaba para manejarme de forma hábil, si podía, entre aquella vertiginosa crudeza. Me quedé desnuda y caminé ligera. De puntillas, sentía como la sangre me guiaba. Sangre seca por algunas zonas y algo fresca por otras. El silencio era ensordecedor. La luz entraba por una estrecha rendija colocada en lo alto de la pared, que dejaba la habitación en penumbra. Me introduje como una lagartija, hábil pero lenta, entre las ampollas de piel y sangre que inundaban el espacio aquel. No estaba nerviosa, respiraba al ritmo adecuado, sin miedo ni prisa, solamente repudiando aquel hedor. ¿Cuánto tiempo habría pasado aquel lugar escondido de la vista de los transeúntes?

Avancé sin detenerme, guardando el equilibrio. Entonces pude divisar mi objetivo. Enseguida lo recogería y nos iríamos de allí. Se acabaría aquel espectáculo de casquería despellejada, carne demasiado hecha y sueños trasnochados.

En un rincón descubrí una especie de hoz. Estaba manchada, sí, y muy usada. Probablemente la usaron todos ellos, como la usé yo…

Quedaba poco. Entre salto y salto, iba llegando a aquel corazón podrido de latir, que un día dejé abandonado en cuarentena. De pronto resbalé y caí sobre un montón de tripas envenenadas de color verde enfermizo. Me sacudí rápidamente toda aquella miseria ajena y me arrastre hacia la propia.

Por fín. Allí estaba aquel corazón de entonces… aún latía. Decidida, me avalancé a cogerlo. Nos vamos de aquí... Sentada, desnuda sobre un suelo bañado en miserias, alcé entre mis manos aquella reliquia y suspiré. Lo miré con los ojos encharcados en agua dulce, pero roja, y me derrumbé sobre mí misma, henchida de pena.

Entonces, conté hasta tres y me incorporé. Limpié con mis manos sucias aquel viejo corazón y lo metí en el mismo agujero vacío que aún atravesaba mi pecho.

Me levanté, sequé mis ojos y abandoné la habitación.


1:32

Su sino

Publicado por Nenita

Me tiene cogida, me agarra fuerte, me vapulea. Consigue erizarme la piel, absorverme, consumirme… ponerme a su disposición. Convierte mis sueños en humo.


El Sol iba bajando hacia el crepúsculo al tiempo que mi alma se iba apagando en intensidad, como la luz de un candil, que va perdiendo su fuerza. Llegué a la avenida, crucé la esquina y me dí de bruces con la realidad. Revoloteaban, cual espíritus embravecidos, mil recuerdos sin controlar. Volaban de un lado a otro raudos, estampándose torpes contra las fachadas que delimitaban su espacio. Yo sabía bien hacia dónde me dirigía, aquel que se hacía llamar mi “salvador” quiso soltarme en mitad de mis fantasmas para que me comiera el miedo. Las almas cobardes siempre tardan más en pecar. Me apuntó la dirección con tinta roja en un papel reciclado a medio gastar. Llegué hasta allí sabiendo lo que me iba a encontrar. El espectáculo no tenía comparación. De pronto, me encontré dando vueltas en derredor para salir de aquella jaula a la que se me había destinado, no sin merecerlo. Era consciente, no obstante, de que era cuestión de tiempo salir de allí. Sabía que pasadas dos horas o dos días, quizás dos años, me acabaría perdonando la jugada. Sin embargo, la pesadilla se encontraba en aquel momento en todo su esplendor y la sensación en mi interior fue de auténtica desesperación. Sí, sentí mucho miedo. Fantasmas de color azul y de naturaleza hiriente se lanzaban hacia mí sin piedad, veloces y transparentes, ilusorios y no por ello inofensivos… Las flores que ayer lucían radiantes a la luz del Sol, hoy se veían marchitadas y malolientes a la orilla de mi camino. Un reguero de sangre color rojo burdeos, casi negro, iba marcando la dirección que yo misma dibujé. Ahora sólo quería volver atrás y remediar lo irremediable, pero hay errores que no se pueden saldar. Llenaron mi olfato de mis propios hedores, que curiosamente un día resultaron tan agradables. El destino es antojadizo y caprichoso y nos llevó por derroteros que aún hoy no acabamos de reconocer como nuestros, pero que lo fueron tanto o más que cualquier otro.




Las fachadas de los edificios luían sucias, los ventanales negros de hollín, por el sudor de la ciudad… El paisaje chorreaba erosión de tanta y tanta polución. Un brazo de hierro, fuerte y poderoso, que simulaba al de un humano, se introdujo en mi paisaje de ensoñación, en mi jaula, en mi pensamiento. Sin esperar demasiado, me salvó. No me hizo esperar ni agonizar. Me enganchó con sus dedos inestables y, como pudo, me sacó de aquel esperpento. Sin más demora, me soltó en mitad de un espacio luminoso y los aplausos se hicieron oír. El espectáculo había causado estragos, había gustado, había inquietado a las mentes más soñolientas. Las cortinas rojas se cerraron y el payaso de triste sonrisa desapareció. El espectáculo había terminado.








15:43

Aquella vieja posada

Publicado por Nenita


Hace mucho ya que no siento nada. ¿Te acuerdas cuando nos perdíamos en aquella casa abandonada? Esas cosquillas en el estómago, el miedo y las ganas de descubrir algo nuevo. Echo de menos aquella bendita inocencia que hemos perdido para siempre… Esas ganas de saltar de la cama cuando sale el sol y muy poco sueño cuando se pone. No sé, alguna razón que nos haga darle a la vida un sentido más allá de esta rutina.

-Dónde has estado todo este tiempo?
-No sé, me perdí.
-¿Te perdiste?
- Bueno, me encontré desvalida, inservible, falta de razón y de fe.
-Tienes la cara demacrada, como entonces.
-¿Por qué te fuiste?
-A veces no basta con quererse.
-¿Por qué nunca me dijiste que habías dejado de quererme?
-Porque te sigo queriendo.

La respiración se entrecortaba con la misma excitación de los primeros años. Por aquel entonces, estuvieron a punto de pisar tierra prohibida. Sin embargo, no lo hicieron. El viento no soplaba a favor. Pudieron haberse matado, pero sobrevivieron. Lograron ser absolvidos de la mayor de las penas. Se asomaron demasiado a aquel precipicio, incluso dudaron si saltar. Pero no lo hicieron.

Aquello lo cambió todo. Y no es que tu respiración entrecortada no me provoque, o que no deseé ayudarte a recoger las tiras de piel que fuiste dejando por el camino. Pero, ¿acaso ya no recuerdas cuántas batallas tuvimos que librar por mantenernos en pie? No sé que hubiera pasado
de no haber ocurrido así.

Cuando descubres que existen almas perdidas, como la tuya, vagando por ahí, cansadas, con las mismas heridas o los mismos sueños, algo extraño sucede. Ellos d
escubrieron por fin otro camino, aquel que tanto habían deseado. Pero no estaban preparados para derrumbar su mundo y perderlo todo. Así, siguen viviendo con sus carencias y esperando que nada perturbe jamás lo ya imperturbable.

0:25

Mi huérfana bici

Publicado por Nenita


Me dijeron que pedaleara hasta la extenuación, pero marcha atrás. Algo debió fallar en el aprendizaje. Mamá empujó la bici y descendí cuesta abajo con los pies bien metidos en las correas de uno y otro pedal. Las bicicletas no funcionan así. Acabé estrellándome contra un muro. No fue fácil debatirse entre la vida y la muerte. Sin embargo, antes de que me diera tiempo a hacer de tripas corazón, alguien vino a recoger mis huesos. Me sacudió el polvo de las rodillas y me curó las heridas. Se montó conmigo y echamos a volar. Volamos durante cien años, doscientos, mil. Ayer ese alguien se quiso bajar de la bici. Dijo que yo ya sabía montar. Pero es mentira, no aprendí. Yo sólo le acompañaba metida en el cestillo, sumergida en sus ojos. A pesar de ser un espacio pequeño, era tan cómodo... Lo único que aprendí es que no sé quién soy sin su espejo de mano. No se fue, mas se irá. Ya tengo preparado el aparcamiento para mi pequeña y húerfana bici. El problema no es caer. El problema es que yo no sé pedalear y mamá ya no me empujará.

Un vuelo sin retorno nos va adentrando en aquello de lo que huimos. El hilo se va gastando, se va rompiendo, y, tarde o temprano, nos dejará caer.

Quisimos jugar al todo o nada por tenerlo todo. Si sale NADA… lo perderemos TODO.





12:39

Desconexión

Publicado por Nenita


Tiempo de desconexión. Lo necesito. Gracias a todos los que me seguís.

Os dejo en buena compañía de todos mis enlaces.
No sé cuánto tardaré en volver.
Cuidaos mucho

Un beso fuerte


23:41

A la orilla del camino

Publicado por Nenita

...

Cuentan las malas lenguas
que un hombre de pelo cano
pasaba por aquí cada noche
y se sentaba a descansar...

Un día lo encontraron dormido al amanecer,
recostado sobre el banco,
llevaba en una bata color burdeos...
Nunca más despertó.

Cuentan las malas lenguas que murió de frío,
pero yo creo que no...



23:04

Una historia cualquiera

Publicado por Nenita

Eran las ocho de la tarde y las calles tumultuosas de todos los días estaban vacías. Una sensación extraña le sorprendió, penetrando en su cuerpo como una brisa fresca de verano. Sintió escalofríos. Hasta entonces, los días se habían sucedido uno detrás de otro sin novedad aparente. Sin embargo, todo había cambiado tanto...


El día en que él se cruzó en su camino, mirándola a los ojos, tornó el color del mundo. Sus ojos cansados escrutándola como a una pera verde, pero con el mayor de los respetos, le hicieron suponer, y estaba en lo cierto, que se encontraba ante algo muy distinto a lo que había conocido hasta entonces. No se equivocaba, sin embargo, era un imposible...


Se detuvo en el semáforo de mitad de la avenida, donde los coches nunca se molestan en parar. Ésta vez no reparó en ellos. Los pensamientos que inundaban su mente la abstraían por completo y casi le atropella un camión. Al final, logró atravesar el cruce sana y salva. De pronto le salió al paso un anciano de pelo blanco y aspecto bonachón. ¿Tienes hora, guapa? Las ocho, señor. El hombre bajó la mirada y siguió su camino sin despedirse ni dar las gracias. Ella se sintió como un muñeco invisible. Quizás no fuera buena idea lo que estaba haciendo…

Siguió un trecho no muy largo y llegó a un quiosco de prensa que había en la primera esquina. Dentro había una tendera de unos cincuenta años de edad. Estaba despeinada y mal vestida. Yacía sentada en una silla, como muerta, mientras escuchaba un transistor que emitía un dial mal sintonizado. Teresa, que así se llamaba la transeunte, se acercó sigilosa y puso su mano sobre el mostrador, intentando no despertarla de su letargo, al menos no de un susto. Perdone… -no hubo respuesta. Perdone!- repitió Teresa. Los ojos estáticos de la mujer giraron hacía la transeunte con una pasmosa indiferencia. Le preguntó en qué pensaba. No dijo nada. Estaba sorda. Después de quedarse mirando el viejo quiosco con nostalgia, Teresa decidió proseguir el camino sin su ayuda.


Y siguió el camino pensando en las cosas que llevaba vividas, en todo lo que pasó y en lo que no pasó. Pensó en todo aquello que alguna vez imaginó, en las cosas que ocurrieron y en las que nunca ocurrirán. Pensó en el tiempo, en los cuentos que escribe y en los que nunca escribió, en las historias que no encuentran su final y en las que encuentran un final que no es el suyo... En los clínex mojados de pena, que guarda porque conservan cosas que nunca jamás sentirá de la misma manera... En las esperanzas que nunca debieron existir…. y en las que no mueren.

De prontó detuvo su camino y se tumbó en mitad del asfalto frío de la acera. A su alrededor se organizó un gran corro de gente que salió de la nada. Todos ellos se preguntaban qué hacía una mujer como Teresa en una acera como aquella. Pero se fueron sin respuesta. Como siempre hacía ella ante las cuestiones incontestables. Vino la policía, le dijeron que allí no se podía estar. La levantaron en volandas y la llevaron hasta un vertedero. Allí la tiraron, sin miramientos. Y sin nada más que pensar, allí se quedó, estática, tirada sobre la basura. No sabía lo que hacer o no hacer, así que siguió pensando. Pensó en todas las cosas que de nada le sirvieron y en dónde se habrían quedado. Pensó en la razón por la que debía renunciar a ellas y en si merecería la pena invertir de nuevo en algunas similares... para volver a perderlas. Pensó en qué sentido tenía vivir si todo estaba escrito. Nunca supo si debía volver a buscar las cosas que eran suyas, recogerlas… Si le pertenecían ¿por qué había de renunciar a ellas? Pensó en el camino de vuelta…. de qué manera se deshizo a su paso, sin dar opción al regreso… Las historias todas están escritas- decía la abuela Montse. Entonces abuelita, ¿no hay nadie que realmente luche? “Vencer los prejuicios, los estereotipos, y las normas sociales es lo que todos esperamos que hagan por nosotros, pero nadie lo hace por los demás”- dijo la abuela Montse. "Lo que se espera de nosotros"… pensó Teresa, arriesgarse al ridículo por otro, dejar lo que sea por él... En su momento no entendió aquellas frases de la abuela, pero ahora que las había recordado tomaban sentido en medio de aquel vertedero… Debía dar sin esperar nada a cambio.

Nadie iría a sacarla de allí, pero no todo estaba perdido. La tarde estaba nublada y se notaba un poco vacía, pero igualmente se levantó y continuó su camino. Puso un pie detrás de otro y no dejó de caminar. Ya quedaba poco.


Llegó a su destino. Pulsó el timbre. Le abrió la puerta una muchacha de color con una cofia y un delantal. ¿Qué desea?-preguntó la joven. Quisiera ver al señor- respondió Teresa. ¿De parte de quién?- inquirió la muchacha en un tono más seco que amable. Del amor de su vida- respondió Teresa. La sirvienta hizo un gesto de desconfianza. Espere un momento, por favor-exclamó, y acto seguido cerró la puerta delante de Teresa, dejándola allí plantada. Esperó. A los tres minutos la joven volvió a abrir la puerta… Pase- le dijo escrutándola con la mirada. Siéntese- añadió. Teresa se sintió vulnerable y débil, pero decidida a la vez. Parecía como si acabara de entrar en un mundo totalmente ajeno y desconocido hasta el momento para ella. El señor bajará enseguida- le espetó.

Su casa era un fiel reflejo de su persona. Todo olía a añejo. Los muebles eran de roble macizo, las insignias y conmemoraciones adornaban las paredes y las fotografías los estantes. Todo era un espejo del hombre que conoció... En su interior hervían un sinfín de sensaciones extrañas que nunca había sentido. Habían pasado tantos años... Había llegado hasta allí sin previo aviso, buscando su dirección en una guía de teléfono… sin duda se sorprendería, y quizás no precisamente para bien… Quizás esté todo demasiado estereotipado como para romper los muros y atravesar lo impensable sólo por amor. Pero ella no había llegado hasta allí para obtener una respuesta ni ser correspondida, sólo había deseaba completar el puzzle y decirle que le amaba.


De prontó un señor de pelo cano y aspecto demacrado bajó por la escalera. Algo dentro de Teresa se rompió en mil pedazos. Era él. Vestía una bata de lona de color burdeos y se apoyaba en un bastón para bajar las escaleras.
Teresa...-pronunció sorprendido al llegar al pie del sillón donde ella permanecía sentada. Querido Juan...-respondió ella... Se hizo el silencio. En las miradas aún bullían mil sentimientos encontrados y contradictorios, ganas y miedos, reproches y porqués. ¿Qué haces aquí?- inquirió, por fin, él. He venido a decirte algo importante, Juan. Será mejor que te vayas...- le pidió él. Por alguna extraña razón, él sabía lo que ella le iba a decir... Si has venido a remover viejas heridas...-susurró Juan con un hilo de voz quebradizo y cansado. Te aseguro que si me dejas hablar sin interrumpirme me marcharé enseguida y no volveré a molestarte jamás. Juan se giró lentamente hacia Teresa y la miró a los ojos por un instante, auquellos ojos... Algo en su mirada empujó a Teresa a decir aquello cuanto antes... Te amo, Juan. No he dejado de hacerlo ni un sólo momento. Cada día y cada noche llevan tu nombre, y el rumor de tus besos me acompaña cada noche. No pretendo cambiar ni un solo segundo de tu vida con mis palabras. Juan, sólo he venido hasta aquí porque algo como lo que siento por tí no debe morir en el silencio, enterrado, pódrido de callar. Vengo porque tienes derecho a saber y yo tengo derecho a descansar. Nunca me atreví a afrontar lo que sentía por tí y por eso me marché. Siempre esperé mucho de tí y te ofrecí muy poco. Y es demasiado tarde para cambiar el rumbo, pero no para confesar.

Juan se quedó mudo, con la cara inexpresiva y los ojos enrrojecidos. Hacía mucho tiempo eligió sellar sus labios para no errar y hoy era ya demasiado tarde. Teresa cogió sus cosas y se dirigió a la puerta, dispuesta a marcharse para siempre. Juan, con los pies clavados al suelo no la pensaba detener.
Sé que soy inoportuna- afirmó Teresa-, pero también sé que no preferirías morir mañana sin saber esto. Me marcho lejos. No volveré a molestarte... Juan no podía emitir una sola palabra. Sólo miraba a Teresa con el corazón en la garganta y el estómago colgando del ombligo. Sus ojos imploraban clemencia, sus labios deseaban suplicarle un "no te vayas" o dedicarle "un "Te quiero". Sin embargo, nada en él se inmutó. Sus ojos vidriosos la siguieron hasta la puerta y se cuartearon en pedazos cuando ella se despidió. "Adios" querido Juan, le dijo acariciándole con la mirada. La puerta se cerró tras de ella. "Adiós, Teresa" susurró Juan...






Los años pasaron y ambos continuaron con sus respectivas vidas. Sin embargo, aunque todo siguió siendo igual, ya nunca nada volvió a ser lo mismo... FIN.






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2:38

Oh, qué será...

Publicado por Nenita


Sin Garantías

Soltera con Casado





Sin Clase

Rica con Pobre






Sin Prejuicios

Feo con Guapa







Sin Género

Hombre con Hombre

Mujer con Mujer






Sin Raza

Negro con Blanca





Sin Edad

Hombre mayor con Joven





¿Sin Condiciones?




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16:50

El último punto suspensivo

Publicado por Nenita

* A petición de Paola Monti



***

"...Unir a la fuerza sus cuerpos..." a sabiendas de su escaso futuro... Pero el deseo y la razón no suelen ir de la mano, y uno no puede más que ansiar esa unión inútil, más que para satisfacer los más bajos instintos...




Pero no se puede evitar...


Y más por ego, que por otra cosa, uno acaba zanjando el asunto. Y mete en la maleta todos esos deseos frustrados y se muda con ellos a otro lugar... Y uno se muda y se aleja del otro, pero con esos anhelos a cuestas.





Y al llegar al nuevo hogar y abrir la maleta, saca todos esos anhelos que debería haber dejado en su sitio, y los encuentra todavía llenos de vida... y los cuelga en una percha, o en dos, o en tres... (según el caso) y convive con ellos de nuevo.

Y pasan los días, los meses y hasta puede que los años y tienes el armario lleno de perchas con sentimientos que ya no te vas a poner, que no te sirven (bien porque te quedan grandes, bien porque te quedan pequeños) ocupando espacio.


Y cada día abres el armario y los contemplas un rato, mientras piensas cuánto desearías vestirlos de nuevo, aunque no faltan las ocasiones en las que tan solo te planteas que deberías jubilarlos y liberar sitio en el armario para cosas útiles... Pero uno no se atreve porque aún hay algo adentro que duele y opta por dejarlos colgando algún tiempo más...


Hasta que un día abres el armario y te das cuenta de que SE HAN PASADO DE MODA, que fueron realmente bonitos en su día, pero que nunca más te los pondrás. Y después de ese tiempo de darse contra el "muro de las lamentaciones", resistiéndote a deshacerte de los viejos deseos que uno debiera haber dejado junto a la persona perdida, para perderlos también, un buen día te das cuenta de que finalmente ocurrió: REALMENTE se terminó.





Y sí... es cuando la melancolía releva a la tristeza, es cuando verdaderamente llegas a la cima de la montaña y ya sólo queda descender hacia la llanura para empezar de cero... Es el último paso del amor presente. Es cuando te das cuenta, cuando realmente te das cuenta de que lo que sientes... ES SÓLO UN REFLEJO DEL AYER.


... Y no sé si mereció la pena Paola, pero así sucedió...



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