La extinción

¿Habrá dejado acaso de importarnos la gloria?

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Su sino

Publicado por Nenita

Me tiene cogida, me agarra fuerte, me vapulea. Consigue erizarme la piel, absorverme, consumirme… ponerme a su disposición. Convierte mis sueños en humo.


El Sol iba bajando hacia el crepúsculo al tiempo que mi alma se iba apagando en intensidad, como la luz de un candil, que va perdiendo su fuerza. Llegué a la avenida, crucé la esquina y me dí de bruces con la realidad. Revoloteaban, cual espíritus embravecidos, mil recuerdos sin controlar. Volaban de un lado a otro raudos, estampándose torpes contra las fachadas que delimitaban su espacio. Yo sabía bien hacia dónde me dirigía, aquel que se hacía llamar mi “salvador” quiso soltarme en mitad de mis fantasmas para que me comiera el miedo. Las almas cobardes siempre tardan más en pecar. Me apuntó la dirección con tinta roja en un papel reciclado a medio gastar. Llegué hasta allí sabiendo lo que me iba a encontrar. El espectáculo no tenía comparación. De pronto, me encontré dando vueltas en derredor para salir de aquella jaula a la que se me había destinado, no sin merecerlo. Era consciente, no obstante, de que era cuestión de tiempo salir de allí. Sabía que pasadas dos horas o dos días, quizás dos años, me acabaría perdonando la jugada. Sin embargo, la pesadilla se encontraba en aquel momento en todo su esplendor y la sensación en mi interior fue de auténtica desesperación. Sí, sentí mucho miedo. Fantasmas de color azul y de naturaleza hiriente se lanzaban hacia mí sin piedad, veloces y transparentes, ilusorios y no por ello inofensivos… Las flores que ayer lucían radiantes a la luz del Sol, hoy se veían marchitadas y malolientes a la orilla de mi camino. Un reguero de sangre color rojo burdeos, casi negro, iba marcando la dirección que yo misma dibujé. Ahora sólo quería volver atrás y remediar lo irremediable, pero hay errores que no se pueden saldar. Llenaron mi olfato de mis propios hedores, que curiosamente un día resultaron tan agradables. El destino es antojadizo y caprichoso y nos llevó por derroteros que aún hoy no acabamos de reconocer como nuestros, pero que lo fueron tanto o más que cualquier otro.




Las fachadas de los edificios luían sucias, los ventanales negros de hollín, por el sudor de la ciudad… El paisaje chorreaba erosión de tanta y tanta polución. Un brazo de hierro, fuerte y poderoso, que simulaba al de un humano, se introdujo en mi paisaje de ensoñación, en mi jaula, en mi pensamiento. Sin esperar demasiado, me salvó. No me hizo esperar ni agonizar. Me enganchó con sus dedos inestables y, como pudo, me sacó de aquel esperpento. Sin más demora, me soltó en mitad de un espacio luminoso y los aplausos se hicieron oír. El espectáculo había causado estragos, había gustado, había inquietado a las mentes más soñolientas. Las cortinas rojas se cerraron y el payaso de triste sonrisa desapareció. El espectáculo había terminado.








5 comentarios:

Super Yors dijo...

El espectáculo da miedo hasta que das el primer paso. Después, todo es navegar en una balsa de luces y aplausos.

Hasta el infinito y más allá

Belén dijo...

Las jaulas hay que romperlas, aunque sean de cristal o de oro y el espectáculo gratis...

Besicos

Unknown dijo...

sigues siendo MUY brillante

besoooo

Manolo Gamboa dijo...

Eres una impresionante describiendo paisajes y sensaciones, me encanta!! Me gustaría algún día mandarte una foto de un paisaje para que me lo describas tan poéticamente.
He añadido tu blog al mio.
Besos!

Angel dijo...

Me alegro de volverte a leer...