La extinción

¿Habrá dejado acaso de importarnos la gloria?

23:04

Una historia cualquiera

Publicado por Nenita

Eran las ocho de la tarde y las calles tumultuosas de todos los días estaban vacías. Una sensación extraña le sorprendió, penetrando en su cuerpo como una brisa fresca de verano. Sintió escalofríos. Hasta entonces, los días se habían sucedido uno detrás de otro sin novedad aparente. Sin embargo, todo había cambiado tanto...


El día en que él se cruzó en su camino, mirándola a los ojos, tornó el color del mundo. Sus ojos cansados escrutándola como a una pera verde, pero con el mayor de los respetos, le hicieron suponer, y estaba en lo cierto, que se encontraba ante algo muy distinto a lo que había conocido hasta entonces. No se equivocaba, sin embargo, era un imposible...


Se detuvo en el semáforo de mitad de la avenida, donde los coches nunca se molestan en parar. Ésta vez no reparó en ellos. Los pensamientos que inundaban su mente la abstraían por completo y casi le atropella un camión. Al final, logró atravesar el cruce sana y salva. De pronto le salió al paso un anciano de pelo blanco y aspecto bonachón. ¿Tienes hora, guapa? Las ocho, señor. El hombre bajó la mirada y siguió su camino sin despedirse ni dar las gracias. Ella se sintió como un muñeco invisible. Quizás no fuera buena idea lo que estaba haciendo…

Siguió un trecho no muy largo y llegó a un quiosco de prensa que había en la primera esquina. Dentro había una tendera de unos cincuenta años de edad. Estaba despeinada y mal vestida. Yacía sentada en una silla, como muerta, mientras escuchaba un transistor que emitía un dial mal sintonizado. Teresa, que así se llamaba la transeunte, se acercó sigilosa y puso su mano sobre el mostrador, intentando no despertarla de su letargo, al menos no de un susto. Perdone… -no hubo respuesta. Perdone!- repitió Teresa. Los ojos estáticos de la mujer giraron hacía la transeunte con una pasmosa indiferencia. Le preguntó en qué pensaba. No dijo nada. Estaba sorda. Después de quedarse mirando el viejo quiosco con nostalgia, Teresa decidió proseguir el camino sin su ayuda.


Y siguió el camino pensando en las cosas que llevaba vividas, en todo lo que pasó y en lo que no pasó. Pensó en todo aquello que alguna vez imaginó, en las cosas que ocurrieron y en las que nunca ocurrirán. Pensó en el tiempo, en los cuentos que escribe y en los que nunca escribió, en las historias que no encuentran su final y en las que encuentran un final que no es el suyo... En los clínex mojados de pena, que guarda porque conservan cosas que nunca jamás sentirá de la misma manera... En las esperanzas que nunca debieron existir…. y en las que no mueren.

De prontó detuvo su camino y se tumbó en mitad del asfalto frío de la acera. A su alrededor se organizó un gran corro de gente que salió de la nada. Todos ellos se preguntaban qué hacía una mujer como Teresa en una acera como aquella. Pero se fueron sin respuesta. Como siempre hacía ella ante las cuestiones incontestables. Vino la policía, le dijeron que allí no se podía estar. La levantaron en volandas y la llevaron hasta un vertedero. Allí la tiraron, sin miramientos. Y sin nada más que pensar, allí se quedó, estática, tirada sobre la basura. No sabía lo que hacer o no hacer, así que siguió pensando. Pensó en todas las cosas que de nada le sirvieron y en dónde se habrían quedado. Pensó en la razón por la que debía renunciar a ellas y en si merecería la pena invertir de nuevo en algunas similares... para volver a perderlas. Pensó en qué sentido tenía vivir si todo estaba escrito. Nunca supo si debía volver a buscar las cosas que eran suyas, recogerlas… Si le pertenecían ¿por qué había de renunciar a ellas? Pensó en el camino de vuelta…. de qué manera se deshizo a su paso, sin dar opción al regreso… Las historias todas están escritas- decía la abuela Montse. Entonces abuelita, ¿no hay nadie que realmente luche? “Vencer los prejuicios, los estereotipos, y las normas sociales es lo que todos esperamos que hagan por nosotros, pero nadie lo hace por los demás”- dijo la abuela Montse. "Lo que se espera de nosotros"… pensó Teresa, arriesgarse al ridículo por otro, dejar lo que sea por él... En su momento no entendió aquellas frases de la abuela, pero ahora que las había recordado tomaban sentido en medio de aquel vertedero… Debía dar sin esperar nada a cambio.

Nadie iría a sacarla de allí, pero no todo estaba perdido. La tarde estaba nublada y se notaba un poco vacía, pero igualmente se levantó y continuó su camino. Puso un pie detrás de otro y no dejó de caminar. Ya quedaba poco.


Llegó a su destino. Pulsó el timbre. Le abrió la puerta una muchacha de color con una cofia y un delantal. ¿Qué desea?-preguntó la joven. Quisiera ver al señor- respondió Teresa. ¿De parte de quién?- inquirió la muchacha en un tono más seco que amable. Del amor de su vida- respondió Teresa. La sirvienta hizo un gesto de desconfianza. Espere un momento, por favor-exclamó, y acto seguido cerró la puerta delante de Teresa, dejándola allí plantada. Esperó. A los tres minutos la joven volvió a abrir la puerta… Pase- le dijo escrutándola con la mirada. Siéntese- añadió. Teresa se sintió vulnerable y débil, pero decidida a la vez. Parecía como si acabara de entrar en un mundo totalmente ajeno y desconocido hasta el momento para ella. El señor bajará enseguida- le espetó.

Su casa era un fiel reflejo de su persona. Todo olía a añejo. Los muebles eran de roble macizo, las insignias y conmemoraciones adornaban las paredes y las fotografías los estantes. Todo era un espejo del hombre que conoció... En su interior hervían un sinfín de sensaciones extrañas que nunca había sentido. Habían pasado tantos años... Había llegado hasta allí sin previo aviso, buscando su dirección en una guía de teléfono… sin duda se sorprendería, y quizás no precisamente para bien… Quizás esté todo demasiado estereotipado como para romper los muros y atravesar lo impensable sólo por amor. Pero ella no había llegado hasta allí para obtener una respuesta ni ser correspondida, sólo había deseaba completar el puzzle y decirle que le amaba.


De prontó un señor de pelo cano y aspecto demacrado bajó por la escalera. Algo dentro de Teresa se rompió en mil pedazos. Era él. Vestía una bata de lona de color burdeos y se apoyaba en un bastón para bajar las escaleras.
Teresa...-pronunció sorprendido al llegar al pie del sillón donde ella permanecía sentada. Querido Juan...-respondió ella... Se hizo el silencio. En las miradas aún bullían mil sentimientos encontrados y contradictorios, ganas y miedos, reproches y porqués. ¿Qué haces aquí?- inquirió, por fin, él. He venido a decirte algo importante, Juan. Será mejor que te vayas...- le pidió él. Por alguna extraña razón, él sabía lo que ella le iba a decir... Si has venido a remover viejas heridas...-susurró Juan con un hilo de voz quebradizo y cansado. Te aseguro que si me dejas hablar sin interrumpirme me marcharé enseguida y no volveré a molestarte jamás. Juan se giró lentamente hacia Teresa y la miró a los ojos por un instante, auquellos ojos... Algo en su mirada empujó a Teresa a decir aquello cuanto antes... Te amo, Juan. No he dejado de hacerlo ni un sólo momento. Cada día y cada noche llevan tu nombre, y el rumor de tus besos me acompaña cada noche. No pretendo cambiar ni un solo segundo de tu vida con mis palabras. Juan, sólo he venido hasta aquí porque algo como lo que siento por tí no debe morir en el silencio, enterrado, pódrido de callar. Vengo porque tienes derecho a saber y yo tengo derecho a descansar. Nunca me atreví a afrontar lo que sentía por tí y por eso me marché. Siempre esperé mucho de tí y te ofrecí muy poco. Y es demasiado tarde para cambiar el rumbo, pero no para confesar.

Juan se quedó mudo, con la cara inexpresiva y los ojos enrrojecidos. Hacía mucho tiempo eligió sellar sus labios para no errar y hoy era ya demasiado tarde. Teresa cogió sus cosas y se dirigió a la puerta, dispuesta a marcharse para siempre. Juan, con los pies clavados al suelo no la pensaba detener.
Sé que soy inoportuna- afirmó Teresa-, pero también sé que no preferirías morir mañana sin saber esto. Me marcho lejos. No volveré a molestarte... Juan no podía emitir una sola palabra. Sólo miraba a Teresa con el corazón en la garganta y el estómago colgando del ombligo. Sus ojos imploraban clemencia, sus labios deseaban suplicarle un "no te vayas" o dedicarle "un "Te quiero". Sin embargo, nada en él se inmutó. Sus ojos vidriosos la siguieron hasta la puerta y se cuartearon en pedazos cuando ella se despidió. "Adios" querido Juan, le dijo acariciándole con la mirada. La puerta se cerró tras de ella. "Adiós, Teresa" susurró Juan...






Los años pasaron y ambos continuaron con sus respectivas vidas. Sin embargo, aunque todo siguió siendo igual, ya nunca nada volvió a ser lo mismo... FIN.






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16 comentarios:

Angel dijo...

Vaya nenita, me ha encantado esta historia si si si..

El Secretario dijo...

Hola Nenita.

Me atrevo a conjeturar...
¿Un antiguo profesor?

¿Es acertado decir las cosas para que no nos corroan por dentro?

Para que no queden ahí para siempre, sin aclararnos qué podría haber cambiado.

Algo cambió.
Algo se movió.
Puede que no fuese el final de la historia.
O puede que sí.
Que el tiempo pasado hubiese llevado cierto desencanto a Teresa.

Pero soltó su lastre.


Abrazo sin lastre.

Alma dijo...

Te aseguro que tu historia me ha tenido en vilo hasta el final, triste por cierto, pero muy real. Todo lo que anteponemos en la vida, todos los miedos que a veces no dejan decir verdades, eso es lo que demuestra la actitud de Juan, un momento como ese, no merece menos que sentarse a tener una larga charla sin pensar en ganar o perder.
Me ha encantado Nenita.

Besos salados

Agus dijo...

Precioso. Por cierto, Juan era Franco con el rifle, no?
Saludos
El Agus

Belén dijo...

Me he quedado sin palabras nenita... se puede sentir una sin respiración durante un texto de un blog?

Pues si...

Y si, es mejor pasar páginas, lo mejor del mundo... aunque sea a edades ya pasadas.

Besicos, todos los besicos del mundo guapa!

Anónimo dijo...

Mi Nena...
se me han escapado unas lágrimas al terminar de leer esta historia, que me llegó tan adentro que apenas sé qué decir...
me siento como Teresa sabes, me vi en Teresa. Tengo tanto miedo de ir donde mi Juan y decirle que lo amo, que aún y a pesar de todo lo sigo amando.
¿Miedo al rechazo?, ¿miedo a que tenga una vida ya hecha?, ¿miedo a que me haya olvidado?... no sé, pero a veces me quiero animar y siento las ganas de correr y decirle todo, sin importar nada.
Quedarse con la sensación de haber callado o no haberlo dicho todo es terrible y creo que no importa lo que ocurra después de, ni más adelante, sino sacarlo todo y dar la lucha hasta el final, aunque se pierda, no lo sabremos si no lo intentamos no?

Tremenda historia
y muy hermosa.
B.

Alma dijo...

Tienes un regalito en mi faro.

Besos salados

Verónica dijo...

Es un blog magico y lleno de emociones y sentimientos. Me gusta perderme entre tus lineas y ahora que se donde localizarte lo hare en mas de una ocasion siempre que me dejes...

besos y cuidate

Pd: si quieres pasate por mi blog, te invito a ello.

Super Yors dijo...

Hola holaaa.

He llegado aqui de casualidad, por Alma, y me ha encantado tu historia. Preciosa preciosa preciosa.

Ójala todos actuamos igual que Teresa : dar sin esperar nada a cambio y, cito tus palabras, "aunque todo siga siendo igual, ya nunca nada volverá a ser lo mismo."

Hasta el infinito y más allá

Anónimo dijo...

Coincido con Belén, aparte de quedarme sin palabras y estar durante un par de minutos leyendo una y otra vez la frase final, parece que se puede escuchar esa respiración entrecortada de ambos.
Me ha encantado Nenita, de corazón, cuánta ternura...

Es un placer leerte. Siempre.

Un besazo reina.

Nenita dijo...

Ángel: Me alegro guapo. Un besote.

El Secretario: está claro, ya decía ella que su objetivo no era ser correspondida si no descansar y como tú dices, soltar lastre. Hay cosas que son tan fuertes que no debieran morir en desconocimiento de su propietario ¿no crees? Besosss.

Alma: Exacto, en esos momentos no se debe pensar en ganar o perder. Pero Juan tenía mucho miedo, recuerda que ella estaba preparada, pero a él le pilló de improviso después de tantos y tantos años. Cómo no sentir ese pánico a que se te abra el suelo por debajo? Me gustan las dos posturas la de Juan y la de Teresa, cada uno a su modo creo que los dos son víctimas. Besitosss guapa.

El agus: jajja, gracias agus. Bueno no, en principio no, tp era Juan sin miedo jaja, ummm... era simplemente un Juan envejecido y con el alma llena de grietas´. Besosss.

Belén: Me alegro mucho de que hayais VIVIDO el texto, eso es para mí una alegría, pq se trata de transmitir, de conseguir llegar a vosotros. Y si, NUNCA ES TARDE jeje. Besitos :)

Paola: querida, si te sientes tan identificada es que te pasa lo mismo que a Teresa, quizás tengas que acabar en un vertedero como ella para darte cuenta de que hay cosas que NO SE DEBEN CALLAR. ¿no crees? No importa el resultado. Pero eso que siente Teresa debe ser libre, volar como un pájaro en libertad, y no quedar encerrado en un alma hasta el final. Un besote Paolita.

Verónica(peke): Bienvenida peke. Me alegro de que te guste este sitio y de que pienses volver para aportar tu granito de arena a este lugar tan lleno de defectos. Un Beso.

Masakoy: Bienvenida! jeje. Me alegro de que te haya gustado. Espero verte por aquí. Un beso.

Penélope: Me alegro de haber sabido transmitir lo que quería contaros. Y de que hayais VIVIDO la historia. La frase final quizás sea la más cruda. Pero es lo que hay. Creo que deberíamos aprender de Teresa y de las palabras de la abuela Montse. jeje. Besazos guapa.

Nenita dijo...

Se me olvidaba!

Dejo el premio de "AMIGAS BLOGUERAS" que me concedió Alma a:

Paola Monti
Belén in Red
Lula May
Penélope

Porque sois únicas las 4 y porque me complementais con vuestra amistad cada una de vosotras a su estilo:

Paola, con la que más tiempo llevo de relación, es como una musa, como una mamá que me guía, como una columna fuerte a mi lado que me inunda los sentidos con su forma de sentir, que no dista demasiado de la mía.

Belén es una tía cercana, la encuentro cerca de mí en cada momento y me apoya con su cotidaneidad y me completa con su cable a tierra... Es como una guía en el día a día.

Lula me encanta pq está colgando del aire como yo. Me completa pq me identifico. Es como una especie de alma gemela que quizás vaya unos pasos por delate de mí apoyando y sacando en versos lo más etéreo del alma. Y se pierde en lo abstracto donde yo me encuentro y la encuentro a ella.

Penélope que la conozco hace poco y es de lo más divertido que he encontrado. Me completa pq me alegra la vida con sus comentarios y porque en su blog sin embargo sabe ponerse seria cd hace falta o tratar con humor temas espinosos que yo dramatizaría.Ella es fuerte y me gusta tenerla cerca.

Y por todo ello, sois MIS MEJORES jjeje.

Un besazo, y que lo recoja la que quiera pero entregado está.

Besosssssssss

Anónimo dijo...

Gracias... mil gracias,
ya lo he recogido y me lo llevo gustosa.

besos.

Mamen dijo...

Sin duda, Nenita, no todo está perdido, y si duda también nadie va a hacerlo por nosotros.

Preciosa tu historia, tan preciosa como tú.
Gracias por todo, de veras.

Besos,
Lula colgada del aire, ¿te vienes?

Belén dijo...

Jo, pues yo fíjate, no me siento para nada ganadora por el premio, mas bien por quienes me acompañan en él...

Paola, porque la leo en silencio, me parece lo mejor de la blogosfera...

Lula, porque sus poemas me parecen siempre lo mejor que leo, son cercanos, son certeros y me dejan pensativa hasta su siguiente post...

Y Penélope no la conocía, pero como le he dicho, se hará imprescindible para mi...

Y yo, no me merezco para nada estar al lado de semejantes monstruos :)

Y pa monstrua... tu ;)

Besicos, enhorabuena y felicidades

Nenita dijo...

Paola, Lula, Belén... gracias a vostras tres, por aportar ese montón de granos de arena a la vida de los demás, entre ellas a la mía.

Penólope tb va por tí...

... y por todos los que escriben..

Un besazo